Información para padres acerca de la seguridad de las vacunas
¿Por qué son importantes las vacunas?
Las inmunizaciones protegen a los niños. Las enfermedades que se pueden prevenir con vacuna pueden tener
consecuencias peligrosas, entre ellas convulsiones, daño del cerebro, ceguera e incluso la muerte. Debido al éxito del
programa de inmunización nacional, muchos padres jóvenes nunca han visto un caso de estas enfermedades, pero el
sarampión, la meningitis, la varicela, la tos ferina y otras enfermedades existen en el mundo y volverían a surgir aquí si los
índices de inmunización disminuyeran. Por ejemplo, al seguir la pista de los brotes recientes de sarampión en Estados
Unidos se llegó a niños no vacunados que quedaron infectados mientras viajaban por Europa. De igual modo, sólo se
requeriría un caso de poliomielitis proveniente de otro país para traer de regreso la enfermedad a Estados Unidos si los
niños no estuvieran protegidos mediante vacunación.
¿Las vacunas son seguras?
Sí. En la actualidad las vacunas son más seguras que cualquiera en el pasado. Las vacunas contienen antígenos, que son
virus vivos pero muy debilitados, virus inactivados, o pequeñas partes de bacterias o virus, que hacen que el cuerpo
produzca anticuerpos protectores sin causar la enfermedad. Aun cuando ahora los niños reciben más vacunas, el número
total de antígenos es menor, porque las vacunas actuales están más refinadas que las versiones más antiguas. A una edad
muy joven, el sistema inmunitario de los niños está equipado para responder a muchos antígenos al mismo tiempo, incluso
los que están en las vacunas, así como los que encuentran en sus actividades diarias, como comer, respirar y jugar.
Además de antígenos, las vacunas contienen ingredientes para prevenir contaminación y mejorar la eficacia. Se ha
encontrado que estos ingredientes son seguros en seres humanos en las cantidades que se administran en las vacunas, que
son mucho menores que aquellas a las cuales los niños quedan expuestos en su ambiente, los alimentos y el agua. Estudios
científicos válidos han mostrado que no hay enlace entre el autismo y el timerosal, un conservador a base de mercurio
alguna vez usado en varias vacunas (y que todavía se usa en algunas vacunas contra la gripe). Sin embargo, desde 2001,
año en que el timerosal se eliminó de las vacunas que se administran durante la niñez, los índices de autismo en realidad
han aumentado, lo que proporciona más evidencia de que el timerosal no causa autismo.
Antes de que se autorice una vacuna, se estudia en miles de niños y en combinación con otras vacunas. Después de que se
emite la licencia, el gobierno federal sigue vigilando la seguridad de una vacuna. Esta vigilancia continua asegura que los
investigadores descubrirán cualquier efecto secundario raro, incluso si sólo afecta a un pequeño número de niños. Por
ejemplo, en 1999 se retiró una vacuna contra rotavirus después de que se enlazó con bloqueo intestinal en alrededor de 100
niños. Esta vacuna se reemplazó por un producto nuevo y más seguro. Se ha mostrado que las vacunas que se recomiendan
en la actualidad son seguras y eficaces para millones de niños.
¿Puedo retrasar vacunas u optar por no vacunar?
No es buena idea no vacunar o retrasar vacunar, porque esto dejará a su hijo vulnerable a enfermedades durante más
tiempo. Los niños son más vulnerables a las complicaciones de enfermedad durante sus primeros años de vida, cuando las
vacunas proporcionan protección, y algunas vacunas producen mejor respuesta inmunitaria a edades particulares. Los
padres deben apegarse al programa proporcionado por los Centros Estadounidenses para el Control y la Prevención de
Enfermedad (U.S. Centers for Disease Control and Prevention), la American Academy of Pediatrics, y la American
Academy of Family Physicians, que está diseñado por expertos a fin de asegurar la protección y seguridad máximas para
niños de diversas edades. Este programa permite cierta flexibilidad para retrasar ciertas vacunas cuando el pediatra de un
niño lo recomienda debido a enfermedad, ciertas enfermedades crónicas, u otras razones médicas. Los padres deben
comentar cualquier inquietud con el pediatra de su hijo.
Hay más información disponible en www.aap.org/immunization. y www.cdc.gov/vaccines.
Junio de 2008